17 abr. 2014

The Hamptons, donde se encuentra la élite de Manhattan

Seguro que has oído hablar de los Hamptons, la zona más popular de veraneo (o fines de semana) para muchos de los privilegiados ricachones neoyorkinos y del resto de Estados Unidos, donde es frecuente encontrárnoslos tomando el brunch los Domingos o unos cócteles en verano, vamos el sitio por excelencia de la flor y nata.

The Hamptons, para aclarar, es un término usado para identificar a un grupo de pueblos en el extremo oriente de Long Island, la isla que se extiende hacia el este desde Queens, ubicada al otro lado de la ribera este del río de Manhattan. Técnicamente, para ser un “hampton”, el pueblo tiene que llevar la palabra en su nombre —East Hampton, Bridgehampton, Southampton— pero también están Watermill, Amagansett, Springs y Sag Harbor que, por cercanía e historia compartida, ya han sido incorporados al concepto Hamptons. Es decir, pueblos al borde del Océano Atlántico. En rigor, Sag Harbor no cuenta porque no tiene el nombre y es de bahía, pero es tan lindo y sus bienes raíces tan preciados, que a estas alturas forma parte de la colectividad. Y Westhampton, que técnicamente tendría que incluirse —tiene playas hermosas en el océano— es como el pariente pobre de los otros pueblos más elegantes. Conclusión: Los Hamptons es un estado mental. Y, para entenderlos —su atractivo, su psicología, su patología— hay que entender primero un par de cosas sobre Nueva York, ciudad que queda a dos horas y media (si el tráfico no colapsa las carreteras). 

El dinero no suele ser impedimento para los residentes veraniegos de Los Hamptons, inmortalizados en todo tipo de películas y teleseries, desde Sexo en Nueva York, a las más actuales Gossip Girl y Revenge. ¿Cómo podría serlo, si el precio promedio para una casa aquí ronda los tres millones de dólares? Recapitulando: tiempo y dinero. La falta de uno y la sobra de otro. En Nueva York nadie tiene tiempo para nada. Ni para ver a sus amigos: hasta con tu madre tienes que pedir cita!!! y segundo, el tiempo es dinero, y en Los Hamptons, a nadie le molesta pagar lo que sea con tal de ahorrarse problemas y pasársela en grande. 

Pero no siempre fue así. En el siglo XVII, los pueblos de Southampton e East Hampton fueron los primeros asentamientos ingleses de Nueva York, fundados por unos pobladores muy valientes. Aunque hoy en día poco rastro queda de esta herencia.

Tener casa de verano aquí es motivo de orgullo. Hace un siglo, los que veraneaban en estas partes venían de la más alta capa de la sociedad neoyorquina, estrictamente anglosajona dueños de muchas de las mansiones más nobles de la zona fueron, a finales del siglo XIX, fundadores de clubs exclusivos como el Maidstone Club de East Hampton y el Southampton Bath and Tennis Club, que siguen existiendo hasta el día de hoy, cerrando sus puertas a todos los que no tienen la alcurnia para ser miembros

Los Hamptons es más que un destino. “La gente se vuelve obsesiva, es como algo religioso, cada viernes hay que venir aquí”, De hecho, los fines de semana de verano en Manhattan, con la ciudad desierta y mesas disponibles en todos los restaurantes, pueden ser muy agradables. Pero queda la sensación de que uno es un perdedor si no está atascado en el tráfico camino de las playas de Long Island. Y llegar al destino es, realmente, como acceder al sueño americano. Pero eso si, los ricos, ricos de verdad, van a los Hamptons en helicóptero. Por unos 500 dólares, sólo ida, se evitan las colas de la carretera.

Así que "Bienvenidos a Los Hamptons", balneario preferido de cantantes, magnates, políticos y ricachones neoyorquinos de todo tipo. En Los Hamptons, aunque no necesariamente famoso, todo mundo es importante. O por lo menos eso cree. Existe la creencia de que nadie termina de conocer Nueva York hasta que conoce Los Hamptons. 

Welcome to The Hamptons!!

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